He recorrido un largo y tortuoso camino a través del tiempo de mi vida terrenal. He atravesado muchas y variadas estancias desde mi niñez a la edad madura en que estoy. Algunas de ellas realmente tenebrosas, impregnadas de pútridos y profundos abismos, donde mi espíritu atormentado se arrastró buscando desesperado una salida, una luz. Fueron tiempos terribles viviendo en los fétidos tugurios de la depresión, el pecado y la más descarnada desesperanza. Muchos que me conocen, entre ellos mi esposa e hijos, saben de lo que hablo. Quizá las oraciones de unos y otros inclinaron a mi favor la misericordia de Dios, y tras una larga batalla pude salir de esos estados de tortura y dolor. He tenido la fortuna de ser bendecido con la sensatez acompañando mis últimos años, y la compañía controvertida e incomprendida de la soledad, sazonada de innumerables sufrimientos que de algún modo atemperaron un carácter fuerte y voluntarioso, que no se rindió sin antes presentar una larga y dramática guerra. En ese prolongado caminar hollé senderos peligrosos no tan solamente en lo concerniente a la integridad física, sino también a la salud mental, y, lo más importante, en la salud de mi espíritu, don preciado del Padre Celestial. He de confesar que siempre he creído en Dios, pero que nunca como ahora había sentido su presencia; y, si hemos de aceptar que las casualidades no existen, he de reconocer con mucho respeto, fervor y acatamiento, que todo sucede por una elevada razón que casi siempre no alcanzamos a comprender. " Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos,...así son mis caminos más altos que vuestros caminos" ( Isaías 55:8-9)Hoy mi vida ha tomado un rumbo definido que siempre estuvo ahí, esperando que llegara el tiempo de asumirlo. Ese tiempo ha llegado y espero tener la madurez espiritual necesaria para vivirlo con la humildad y la sabiduría que requiere el acto de reconocerme como un auténtico hijo de DIOS. Para poder lograr satisfactoriamente tan elevado propósito, requiero de la asistencia constante de mi Padre Celestial, del amor de su hijo Jesús, del poder del Santo Espíritu y de la intercesión de María, madre de Jesús y madre nuestra, por último de la comprensión y la misericordia de todos mis hermanos en la carne y en el espíritu. Reconozco que en este mundo, se libra una guerra entre las potestades de la luz y las de las tinieblas y quienes creen en Jesús como hijo de Dios, debemos vivir de acuerdo a sus preceptos. Muy frecuentemente nos persuadimos de ser básicamente buenas personas, y que Dios nos aceptará porque no somos totalmente malos, error, Dios no da alguna clase de dispensación para que vivamos en la carne mientras estamos en la tierra, no hay tal concesión, por eso hay que invitar a Jesús para que inunde nuestro ser con su bondad, amor y misericordia, y nos haga la carga más ligera. La invitación está extendida a todos, pero las puertas no siempre van a estar abiertas.No temas en nada por lo que tendrás que padecer... Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.Apocalipsis 2:10
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viernes, 7 de noviembre de 2008
Viajeros del tiempo.
He recorrido un largo y tortuoso camino a través del tiempo de mi vida terrenal. He atravesado muchas y variadas estancias desde mi niñez a la edad madura en que estoy. Algunas de ellas realmente tenebrosas, impregnadas de pútridos y profundos abismos, donde mi espíritu atormentado se arrastró buscando desesperado una salida, una luz. Fueron tiempos terribles viviendo en los fétidos tugurios de la depresión, el pecado y la más descarnada desesperanza. Muchos que me conocen, entre ellos mi esposa e hijos, saben de lo que hablo. Quizá las oraciones de unos y otros inclinaron a mi favor la misericordia de Dios, y tras una larga batalla pude salir de esos estados de tortura y dolor. He tenido la fortuna de ser bendecido con la sensatez acompañando mis últimos años, y la compañía controvertida e incomprendida de la soledad, sazonada de innumerables sufrimientos que de algún modo atemperaron un carácter fuerte y voluntarioso, que no se rindió sin antes presentar una larga y dramática guerra. En ese prolongado caminar hollé senderos peligrosos no tan solamente en lo concerniente a la integridad física, sino también a la salud mental, y, lo más importante, en la salud de mi espíritu, don preciado del Padre Celestial. He de confesar que siempre he creído en Dios, pero que nunca como ahora había sentido su presencia; y, si hemos de aceptar que las casualidades no existen, he de reconocer con mucho respeto, fervor y acatamiento, que todo sucede por una elevada razón que casi siempre no alcanzamos a comprender. " Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos,...así son mis caminos más altos que vuestros caminos" ( Isaías 55:8-9)Hoy mi vida ha tomado un rumbo definido que siempre estuvo ahí, esperando que llegara el tiempo de asumirlo. Ese tiempo ha llegado y espero tener la madurez espiritual necesaria para vivirlo con la humildad y la sabiduría que requiere el acto de reconocerme como un auténtico hijo de DIOS. Para poder lograr satisfactoriamente tan elevado propósito, requiero de la asistencia constante de mi Padre Celestial, del amor de su hijo Jesús, del poder del Santo Espíritu y de la intercesión de María, madre de Jesús y madre nuestra, por último de la comprensión y la misericordia de todos mis hermanos en la carne y en el espíritu. Reconozco que en este mundo, se libra una guerra entre las potestades de la luz y las de las tinieblas y quienes creen en Jesús como hijo de Dios, debemos vivir de acuerdo a sus preceptos. Muy frecuentemente nos persuadimos de ser básicamente buenas personas, y que Dios nos aceptará porque no somos totalmente malos, error, Dios no da alguna clase de dispensación para que vivamos en la carne mientras estamos en la tierra, no hay tal concesión, por eso hay que invitar a Jesús para que inunde nuestro ser con su bondad, amor y misericordia, y nos haga la carga más ligera. La invitación está extendida a todos, pero las puertas no siempre van a estar abiertas.
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