martes, 10 de febrero de 2009

Diàlogo con el Maestro II

Jesús- ¿Quieres pedir un favor para alguien especial? ¿Por un pariente, por tus padres, un hermano(a) o un amigo? Dime sus nombres y lo que quieras que yo haga para ellos. Pide sin vacilar, los corazones que llegan a olvidarse de si mismos para atender las necesidades ajenas me agradan mucho; háblame con llaneza de los pobres que quieres consolar, de los enfermos que ves padecer y quieres aliviar, de los extraviados que deseas volver al buen camino, de los ausentes que quisieras ver a tu lado, he prometido escuchar toda suplica sincera entrañable y fervorosa que nace del corazón, y ¿no sale acaso de tu corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tú amas mas especialmente?
-El Alma-Si dulce Jesús mío. Mira las necesidades de aquellos que me son queridos, socorre su miseria, convierte sus corazones hacia ti, único centro de verdadera felicidad: ilumina sus mentes para que te reconozcan, mueve sus corazones para que te amen; disipa las tinieblas de su ignorancia; infúndeles el gusto por las virtudes y el desprecio por el pecado; la estimación por la gracia divina, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, por todas las virtudes; guíanos en el camino de la vida terrena unidos a tu voluntad; danos a gustar las dulzuras de tu amor para así vislumbrar la gloria celestial. Esta es mi petición dulce Señor, por el amor, por los meritos y el dolor que por nosotros padeciste en el calvario, y por las lagrimas y el dolor de tu amantísima madre María, madre tuya y de todos los hombres, es esta mi suplica desde el fondo de mi corazón…
Jesús- ¿Y para ti no necesitas alguna gracia especial? Haz una lista de tus necesidades y ven a leerla en mi presencia, dime francamente que sientes orgullo, debilidad ante la sensualidad y la concupiscencia; que tal vez eres inconstante, negligente, egoísta, pídeme que venga en tu ayuda para apoyar los esfuerzos que haces, pocos o muchos, para escapar de tales miserias. No te avergüences, ¡Hay tantos santos de primer orden que tuvieron esos defectos! Pero rogaron humildemente y perseveraron hasta que poco a poco se libraron de ellos. No vaciles en pedirme salud, memoria, éxito en tus proyectos, en tus negocios, en tus estudios. Todo esto te lo daré si me lo pides y si no se oponen a tu santificación. Entonces, ¿Qué puedo hacer por tu bien?
-El Alma- Para mi, Señor, ¿Qué te pediré? Tú sabes cuan necesitado estoy de fe, esperanza, caridad, pureza de corazón, de humildad, paciencia, de fervor, de firmeza de propósitos. Tú sabes de mi pobreza y extremada miseria espiritual, y como sé que no acertaría a pedirte, me abandono en tus brazos para recibir de ti los bienes y virtudes que serán mas adecuados a mi personalidad y situación, sin embargo me atrevo a pedirte que me ayudes a corregir mis defectos, moderar mis excesos, dominar mis pasiones, vencer mi inconstancia, pero sobre todo; inflama mi corazón y enciende en él, el fuego de tu amor, somete mi voluntad, afirma mis decisiones, aleja de mi la tibieza y haz de mi un santo. No quiero si no lo que tú quieres, une mi voluntad a la tuya tanto en la ocasión prospera como en la adversa, ya en los goces o en los dolores.
continua

lunes, 9 de febrero de 2009

Diàlogo con el Maestro

La vida sin una comunicación con Dios es como un niño huérfano y desamparado que va perdido por las calles, expuesto a los peligros del mundo. La siguiente composición la encontré entre unos papeles viejos que iban para la basura. Causa en mi curiosidad ver ese amarillento y quebradizo papel que alguien me habría dado alguna vez, pero que no recuerdo quién ni dónde. Tampoco lo había leído antes, así que lo tome y comencé a leerlo. Fue como si una lucecita hubiese iluminado mi corazón, como si una voz en tono quedo, casi imperceptible me dijera que rescatara este diálogo entre Jesús y el alma del hombre, porque lo que en ella se expresa es válido y hermoso. Sin más preámbulos aquí la transcribo tal cual como la encontré.

Algunos minutos en compañía con el Señor Jesucristo.

Jesús – No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que confíes, creas en mí verdaderamente y me ames mucho. Háblame sencillamente, como hablarías al más intimo de tus amigos, como hablarías con tus padres o a un hermano.
-El Alma- No sé, dulcísimo Jesús, Padre y hermano Mío, tú has muerto por mí y yo no he querido vivir para ti, con todas mis fuerzas te doy gracias porque no has permitido que la muerte me sorprenda en tan lamentable estado; es tanta mi ignorancia que no conozco siquiera cuanto es lo que ignoro pero si sé que te necesito para que me transformes y me enseñes a amarte. No sé qué es lo que te profeso porque me he enredado en el mundo y sé que te he ofendido, he seguido el camino ancho y me he perdido. Ahora estoy muy triste y asustada. Por eso vengo ante ti, para hablarte con sencillez y humildad, pidiendo perdón por mis pecados pero con la confianza que me inspiran el inmenso amor y la ternura que tú me prodigas. No puedo evitar sentirme avergonzada por mi infidelidad y mi desamor, pero quiero enmendarme y empezar a amarte de tal modo que no pueda pasar ni un minuto de mi vida sin tenerte presente, porque reconozco en ti a mi Señor, mi salvador, mi bienhechor, mi todo en el cielo y en la tierra.
Jesús- No te preocupes, tus pecados te son perdonados. Mi corazón es un bálsamo eficaz para sanar todas las heridas del tuyo. Sé que te han herido, que estas desconsolada porque lastimaron tu amor propio, que te han menospreciado y abandonado, anda, cuéntame todo, que acabaras en breve por comprender y me dirás que, a semejanza mía todo lo perdonas, y en pago, recibirás mi consuelo y bendición.­ ¿Sientes temor? ¿Sientes Alma, vagas melancolías no justificadas pero que no dejan de ser desgarradoras para tu corazón? Serénate, está en paz, yo estoy aquí contigo, a tu lado me tienes, todo lo veo, todo lo sé, todo lo oigo, ni por un momento te he desamparado. Sé que personas que antes te quisieron ahora se han apartado, incluso sin que les hayas dado el menor motivo, ruega por ellas y si no han de ser obstáculos para tu santificación, yo las volveré a tu lado.
-El Alma- ¡Señor mío Jesucristo, cuanto me amas! Tú sabías de mi ingratitud y no obstante derramas sobre mi tu amor y tu bendición, yo que he pecado añadiendo dolor a tu corazón y más peso a tu cruz, que por mi culpa fuiste azotado, coronado de espinas, humillado, torturado y clavado en una cruz! Y tú, envías a tu Santo Espíritu para que con su luz ilumine mi mente y renueve mi corazón… me conturbaba porque mis deseos no eran satisfechos, porque mis aspiraciones no eran cumplidas, pero ahora comprendo Señor que todo lo que me ha sucedido ha sido para mi bien, que tu bendición, el bálsamo restaurador de tu amor, el aceite de dulzuras de tu corazón me consuela y me hace comprender sabiamente que no debo buscar en el corazón de otros hombres el auxilio que solo tú puedes darme, que debo perdonar las ofensas muchas de ellas solo imaginarias, que debo hacer bien al que me haga mal, para ser en todo semejante a ti. Para que deseche todo temor y toda inquietud y descanse en el regazo de tu dulce Providencia.
Continua

jueves, 5 de febrero de 2009

ECLESIASTES 7




















1 Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. 2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. 3 Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón. 4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría. 5 Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios. 6 Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad. 7 Ciertamente la opresión hace entontecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón. 8 Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu. 9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios. 10 Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría. 11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol. 12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores. 13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera: Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.
15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días. 16 No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte? 17 No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo? 18 Bueno es que tomes de esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo.
19 La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad. 20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.
21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti; 22 porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.
23 Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Seré sabio; pero la sabiduría se alejó de mí.24 Lejos está lo que fue; y lo muy profundo, ¿quién lo hallará? 25 Me volví y fijé mi corazón para saber y examinar e inquirir la sabiduría y la razón, y para conocer la maldad de la insensatez y el desvarío del error. 26 Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso. 27 He aquí que esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón; 28 lo que aún busca mi alma, y no lo encuentra: un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas éstas nunca hallé. 29 He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.