La vida sin una comunicación con Dios es como un niño huérfano y desamparado que va perdido por las calles, expuesto a los peligros del mundo. La siguiente composición la encontré entre unos papeles viejos que iban para la basura. Causa en mi curiosidad ver ese amarillento y quebradizo papel que alguien me habría dado alguna vez, pero que no recuerdo quién ni dónde. Tampoco lo había leído antes, así que lo tome y comencé a leerlo. Fue como si una lucecita hubiese iluminado mi corazón, como si una voz en tono quedo, casi imperceptible me dijera que rescatara este diálogo entre Jesús y el alma del hombre, porque lo que en ella se expresa es válido y hermoso. Sin más preámbulos aquí la transcribo tal cual como la encontré.Algunos minutos en compañía con el Señor Jesucristo.
Jesús – No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que confíes, creas en mí verdaderamente y me ames mucho. Háblame sencillamente, como hablarías al más intimo de tus amigos, como hablarías con tus padres o a un hermano.
-El Alma- No sé, dulcísimo Jesús, Padre y hermano Mío, tú has muerto por mí y yo no he querido vivir para ti, con todas mis fuerzas te doy gracias porque no has permitido que la muerte me sorprenda en tan lamentable estado; es tanta mi ignorancia que no conozco siquiera cuanto es lo que ignoro pero si sé que te necesito para que me transformes y me enseñes a amarte. No sé qué es lo que te profeso porque me he enredado en el mundo y sé que te he ofendido, he seguido el camino ancho y me he perdido. Ahora estoy muy triste y asustada. Por eso vengo ante ti, para hablarte con sencillez y humildad, pidiendo perdón por mis pecados pero con la confianza que me inspiran el inmenso amor y la ternura que tú me prodigas. No puedo evitar sentirme avergonzada por mi infidelidad y mi desamor, pero quiero enmendarme y empezar a amarte de tal modo que no pueda pasar ni un minuto de mi vida sin tenerte presente, porque reconozco en ti a mi Señor, mi salvador, mi bienhechor, mi todo en el cielo y en la tierra.
Jesús- No te preocupes, tus pecados te son perdonados. Mi corazón es un bálsamo eficaz para sanar todas las heridas del tuyo. Sé que te han herido, que estas desconsolada porque lastimaron tu amor propio, que te han menospreciado y abandonado, anda, cuéntame todo, que acabaras en breve por comprender y me dirás que, a semejanza mía todo lo perdonas, y en pago, recibirás mi consuelo y bendición. ¿Sientes temor? ¿Sientes Alma, vagas melancolías no justificadas pero que no dejan de ser desgarradoras para tu corazón? Serénate, está en paz, yo estoy aquí contigo, a tu lado me tienes, todo lo veo, todo lo sé, todo lo oigo, ni por un momento te he desamparado. Sé que personas que antes te quisieron ahora se han apartado, incluso sin que les hayas dado el menor motivo, ruega por ellas y si no han de ser obstáculos para tu santificación, yo las volveré a tu lado.
-El Alma- ¡Señor mío Jesucristo, cuanto me amas! Tú sabías de mi ingratitud y no obstante derramas sobre mi tu amor y tu bendición, yo que he pecado añadiendo dolor a tu corazón y más peso a tu cruz, que por mi culpa fuiste azotado, coronado de espinas, humillado, torturado y clavado en una cruz! Y tú, envías a tu Santo Espíritu para que con su luz ilumine mi mente y renueve mi corazón… me conturbaba porque mis deseos no eran satisfechos, porque mis aspiraciones no eran cumplidas, pero ahora comprendo Señor que todo lo que me ha sucedido ha sido para mi bien, que tu bendición, el bálsamo restaurador de tu amor, el aceite de dulzuras de tu corazón me consuela y me hace comprender sabiamente que no debo buscar en el corazón de otros hombres el auxilio que solo tú puedes darme, que debo perdonar las ofensas muchas de ellas solo imaginarias, que debo hacer bien al que me haga mal, para ser en todo semejante a ti. Para que deseche todo temor y toda inquietud y descanse en el regazo de tu dulce Providencia.
Continua
No hay comentarios:
Publicar un comentario