miércoles, 31 de diciembre de 2008

271 Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? 2Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. 3 Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. 4Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. 5 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto. 6 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová. 7 Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí, y respóndeme. 8Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.Tu rostro buscaré, oh Jehová; 9No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. 10Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. 11Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud. A causa de mis enemigos. 12No me entregues a la voluntad de mis enemigos; Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. 13Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. 14Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová.

sábado, 27 de diciembre de 2008

1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2 Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
 3 Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.
5 He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre.
 6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
7 Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
8 Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.
9 Esconde tu rostro de mis pecados,
Y borra todas mis maldades.
 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11 No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
12 Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.
 13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a ti.
14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;
Cantará mi lengua tu justicia.
 15 Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.
16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.
17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
 18 Haz bien con tu benevolencia a Sion;
Edifica los muros de Jerusalén.
19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia,
el holocausto u ofrenda del todo quemada;
Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.
Salmos 51: 1;19 

lunes, 22 de diciembre de 2008



l Magnificat

Fuente: Catholic.net 
Autor: P. Juan Gralla 

Lucas 1, 46-56 


En aquel tiempo, María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia para siempre. María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa. 
Reflexión 
Este es el único “discurso” de María que se ha conservado hasta nuestros días: una oración. De hecho, todos los “mariólogos” estudian cada una de las palabras del “Magníficat” para penetrar en la profundidad humana y espiritual de la Virgen. 
¿Qué pensaba María de su propia vida? ¿Qué papel ocupaba Dios? ¿Son importantes los pobres para la Madre de los hombres? Todas estas cuestiones quedan resueltas al contemplar esta hermosa oración de María. 
Ella sabe quién es y que todo lo que tiene se debe a la bondad de Dios. Si ella es grande es porque el Creador así lo ha querido. Siente por Él todo el amor que puede sentir una mujer por su esposo, pero comprende que al mismo tiempo es el Poderoso, el Santo, el que tiene infinita misericordia. Se toma a Dios realmente en serio. Porque sabe que Él es el dueño de la vida y de la historia, que puede colmar de bienes a los hambrientos y dejar sin nada a los ricos. 
Sin embargo, hay una palabra que, curiosamente, se repite varias veces entre esas líneas: la humildad. Será porque quizás sea la virtud característica de la Virgen. 
La humildad cristiana no consiste en considerarse poca cosa, lo último, lo peor, sino en saber que nuestra pequeñez unida a la grandeza de Dios lo puede todo, y que todo lo grande que somos y tenemos es don de Dios. Por este motivo, siendo María humilde, dijo que todas las generaciones le llamarán bienaventurada. 

jueves, 18 de diciembre de 2008


17 Aunque la higuera no florezca,

Ni en las vides haya frutos,

Aunque falte el producto del olivo,

Y los labrados

2 no den mantenimiento,

Y las ovejas sean quitadas de la majada,

Y no haya vacas en los corrales;

18 Con todo, yo me alegraré en Jehová,

Y me gozaré en el Dios de mi salvación.

19 Jehová el Señor es mi fortaleza,

El cual hace mis pies como de ciervas,

Y en mis alturas me hace andar.

Habacub 3:17;19

 9 Porque el día primero del primer mes fue el principio de la partida de Babilonia, y al primero del mes quinto llegó a Jerusalén, estando con él la buena mano de Dios. 10 Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos. Esdras 7:9;10

 6 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre

 a quien Dios atribuye justicia sin obras, 7 diciendo:

Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,

Y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

 Romanos 4:7;8


miércoles, 17 de diciembre de 2008


















16 Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos.

17 Yo no me senté a disfrutar en la reunión de los que se divierten; forzado por tu mano, me mantuve apartado, porque tú me habías llenado de indignación.

18 ¿Por qué es incesante mi dolor, por qué mi llaga es incurable, se resiste a sanar? ¿Serás para mí como un arroyo engañoso, de aguas inconstantes?

19 Por eso, así habla el Señor: Si tú vuelves, yo te haré volver, tú estarás de pie delante de mí, si separas lo precioso de la escoria, tú serás mi portavoz. Ellos se volverán hacia ti, pero tú no te volverás hacia ellos.

20 Yo te pondré frente a este pueblo como una muralla de bronce inexpugnable. Te combatirán, pero no podrán contra ti, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte –oráculo del Señor–.

21 Yo te libraré de la mano de los malvados y te rescataré del poder de los violentos.

Jeremias 15:15 al 21


jueves, 11 de diciembre de 2008

Todo es vanidad.

 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. 10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. 11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol. 12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho. 13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. 15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad. 16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio. 17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.
Eclesiastes 2:9;17

domingo, 23 de noviembre de 2008

Para reinar con el Rey de Reyes

Para reinar con el Rey de Reyes
Fuente: Catholic.net Autor: P. Sergio Córdova LC
Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha. “Vengan, benditos de mi padre; tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme”. Los justos le contestarán entonces: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?” Y el rey les dirá: “Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron”. Entonces dirá también a los de la izquierda: “Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron”. Entonces ellos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?” Y él les replicará: “Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquéllos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”».
Reflexión
Con este domingo llegamos al final del ciclo litúrgico. El último domingo de cada año, la Iglesia cierra con broche de oro el ciclo ordinario con la fiesta de Cristo Rey. Y el próximo domingo iniciaremos nuestra preparación para la venida del Señor en la Navidad: el adviento.
Hoy celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Lo confesamos supremo Señor del cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas. Pero es “escandaloso” el modo como ejerce su realeza. Todos los reyes de este mundo mantienen su reinado con la fuerza de las armas, y ostentan el esplendor de su riqueza y de su poder. Como que es algo “connatural” a su condición y a su nobleza. Pero creo que nunca han existido, ni existirán jamás sobre la faz de la tierra, reyes “pobres” o “débiles”. Serían víctimas fáciles de sus enemigos, que usurparían su trono sin ningún género de escrúpulos. Ésa ha sido la ley de vida a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Cuenta una leyenda que había un rey muy cristiano y con fama de santidad, pero sin hijos. El monarca envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos y aldeas de sus dominios: “El joven que reúna los requisitos exigidos, puede aspirar a la sucesión del trono, previa entrevista con el rey. Y los requisitos son dos: Amar a Dios y amar a su prójimo”.
En una aldea muy lejana, un joven leyó el anuncio real y pensó que él cumplía las condiciones. Pero era tan pobre que no contaba con vestimentas dignas para presentarse ante el santo monarca, y temía solicitar la entrevista. Después de todo, juzgó que su pobreza no sería un impedimento para conocer, al menos, a tan afamado rey.
Trabajó día y noche hasta que logró reunir una discreta cantidad de dinero, se compró ropas finas, algunas pocas joyas y emprendió el viaje rumbo al palacio. Al llegar a las puertas de la ciudad se le acercó a un pobre limosnero, que tiritaba de frío, cubierto de harapos. Con sus brazos extendidos y con voz débil y lastimera, pidió auxilio: –“Estoy hambriento y tengo frío; ayúdeme, por favor...”
El joven quedó tan conmovido que de inmediato se deshizo de sus ropas finas y se puso los harapos del limosnero. Y le dio también las provisiones que llevaba.
Cruzando los umbrales de la ciudad, le salió al encuentro una mujer con dos niños tan sucios como ella: –“¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!”. Y sin pensarlo dos veces, se quitó el anillo del dedo, las pocas joyas que se había comprado y sus zapatos, y se los regaló a la pobre mujer. Titubeante, continuó su viaje al castillo, vestido con harapos y carente de provisiones para regresar a su aldea.
A su llegada al castillo, un asistente del rey le mostró el camino a un grande y lujoso salón. Después de una breve pausa, fue admitido a la sala del trono. El joven inclinó la mirada ante el monarca. Y cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del rey. Atónito, exclamó: –“¡Usted... usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!”
En ese mismo instante entró una criada y dos niños trayéndole agua al cansado viajero, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue mayúscula:
–“¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad pidiendo limosna!”.
–“Sí –replicó el soberano con un guiño– yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí.
–“Pero... pe... pero... ¡usted es el rey! ¿Por qué me hizo eso?– tartamudeó el joven mientras tragaba saliva.
–“Porque necesitaba descubrir si tus intenciones y tus obras eran auténticas –dijo el monarca–. Sabía que si me acercaba a ti como rey, fingirías; y a mí me hubiese sido imposible descubrir lo que hay realmente en tu corazón. Como limosnero, en cambio, he podido descubrir que de verdad amas a Dios y a tu prójimo. Y tú eres el único que has pasado la prueba. ¡Tú serás mi heredero! – sentenció el rey– ¡tú heredarás mi reino!”.
Esta simpática historia nos puede ilustrar el Evangelio de hoy. Este domingo celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Él es el verdadero Rey de reyes. Y nos invita a reinar con Él.
Pero nos exige unas condiciones para ello: el amor a Dios y al prójimo. En el juicio final, cuando Él venga en su gloria, ésta será la materia de nuestro examen: la caridad, el modo como tratamos a nuestros semejantes.
Jesús se identifica con ellos y lo que hagamos a nuestro prójimo lo considera como hecho realmente a Él mismo. Y entonces se verá si somos dignos de reinar con Él por toda la eternidad.
“Al atardecer de la vida –nos dice bellamente san Juan de la Cruz– seremos juzgados sobre el amor”.
Ojalá que este día de Cristo Rey, también nosotros queramos aceptar la soberanía de Jesucristo y le proclamemos Señor de nuestras vidas volviendo a Él de todo corazón, y haciendo que muchos otros hombres y mujeres, comenzando por los que viven a nuestro lado, se acerquen al amor misericordioso de nuestro Redentor. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!

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Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico Cristo Rey

Preguntas o comentarios al autorP. Sergio Cordova LC

viernes, 14 de noviembre de 2008

La lujuria

La Lujuria
Nuestra carne es débil y mal inclinada... Este vicio es nuestro enemigo, tanto más temible por ser enemigo doméstico
Lo tenemos dentro de nosotros y no podemos desembarazarnos de él... Podemos mortificarle, pero no matarle... Vencerle, pero no suprimirle... Es un traidor perpetuo y un compañero continuo.. Las excitaciones que salen de nuestra naturaleza corrompida, se unen en los incentivos de un mundo corruptor y perverso.
La lujuria hoy se ostenta descaradamente ante los ojos... Se reviste de las más seductoras formas para atraer las miradas... Se vale de todas las armonías para ganar los oídos... Y sus emanaciones pestilentes cubren la atmósfera intelectual y se diría que están en el aire que respiramos y en el alimento que nos sustenta... LÚBRICA se llama esta pasión y nada hay que sea más resbaladizo... Nadie está a salvo de sus ataques.
Ningún mortal puede fiarse de sí mismo para conseguir la victoria sobre la lujuria... No valió su ancianidad a los jueces de Israel para tratar de abusar de la casta Susana... Ni la sabiduría de Salomón para abstenerse de tomar mujeres idólatras.. David, tan santo que su corazón estaba cortado según el Corazón Divino, cometió adulterio... Sansón, tan fuerte, que no había atadura que le pudiera sujetar, no pudo romper los lazos que le sujetó una vil mujerzuela.
Los que más presumen en ser fuertes por sí mismos, son los más expuestos a convencerse pronto de su cobardía... Castigo de la soberbia que engrandece más de lo posible, es la deshonestidad, que nos rebaja hasta el último límite... La lujuria, además de ser pecado que se propaga fácilmente si no estamos alertas, en vez de darle poca importancia, debe servir para que lo temamos y lo evitemos siempre... Por lo común es causa de otros pecados.
Todas las demás culpas, dice San Pablo, caen fuera del cuerpo del hombre... Pero el hombre deshonesto peca contra su mismo cuerpo... Cuando cree entregarlo al placer y al descanso, lo entrega realmente a los padecimientos y a la fatiga... Quiere gustar las dulzuras de la vida y no hace más que llevarse a los labios una copa de veneno, en cuyo fondo se ocultan el hastío y la muerte... "Madre cruel... Madre del dolor"... Llamaban los paganos a la diosa de la lujuria, manifestando así cuanta diferencia existe entre la realidad de este vicio y las apariencias con que seduce y atrae a infinidad de personas...
Por complacer al cuerpo se ofende a Dios. Y lo único que se consigue es perder a Dios, perdiendo también las fuerzas, la salud y aún la misma vida... pues a esto se suma otro flagelo; el de las enfermedades de transmisión sexual, tan asquerosas como la corrupción llena de gusanos... Suelen nacer de una carne sumergida en el lodazal de la concupiscencia... Las primeras víctimas de las epidemias y las que menos resisten a la acción fatal de los gérmenes morbosos, son las naturalezas que los vicios enfermaron, dejandolas sin energías.
Tomado de: Apostolado Eucaristico Mariano

martes, 11 de noviembre de 2008

Fuente: Catholic.net Autor: P. Juan Gralla Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: "Pasa al momento y ponté a la mesa" ¿No le dirá más bien: "Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?" ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.
Reflexión Los hombres tendemos a convertir en “heroico” las cosas más ordinarias de nuestro deber. Nos llegamos a considerar “héroes” por llegar puntuales al trabajo o por respetar las señales de tráfico. Los niños creen que se merecen un premio por cumplir con sus deberes escolares... Sólo estamos haciendo lo que debíamos hacer. También como cristianos se nos presenta esta tentación. Aunque nunca lo expresamos así, llegamos a creer que nosotros le hacemos un favor a Dios cuando rezamos, participamos en la Misa dominical, o cuando cumplimos los Mandamientos. Cristo nos ofrece este mensaje para prevenirnos de esta actitud, con la que nos olvidamos de que Él nos ha dado infinita mente más de lo que nosotros podemos ofrecerle. Pero Dios no es un amo déspota y desconsiderado. No pensemos que al final de nuestra vida, después de haber trabajado y luchado sinceramente por Dios, seremos recibidos en el cielo con un seco y frío: “Sólo has hecho lo que tenías que hacer”. Eso lo tenemos que decir nosotros, pero no lo dirá Él. Sus palabras las conocemos: dirá a quienes hayan vivido su mensaje: “Venid, benditos de mi Padre...”. Y nos sentaremos con Cristo a gozar del banquete eterno.
.......
Cuántas veces nos equivocamos en esto como en casi todo en nuestra vida. Por eso no debemos cansarnos de pedir sabiduría para proceder correctamente y con una actitud de reverente humildad. Humildad. Creemos que es debilidad, pero en realidad es una fuerza portentosa pues viene dada por el Santo Espíritu de Dios, Gracias Padre.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Hermano, ¿Crees en Dios?

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a sus propósitos son llamados.
Romanos 8:28 32
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
Mas tenga la paciencia su obra completa para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y llevada de una parte a otra.
No piense pues, quien así haga que recibirá cosa alguna del Señor.
El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
Santiago 1: 2 al 8
El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?
Romanos 8:32
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios a prometido a los que le aman.
Cuando alguno es tentado no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie;
Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
Entonces la concupiscencia después que ha concebido, da a luz al pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
Santiago 1:12 al 18

Hermanos míos, no os creáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.
Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas por un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
Así también la lengua es un miembro pequeño pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡ CUÁN GRANDE BOSQUE ENCIENDE UN PEQUEÑO FUEGO!
Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;
Pero ningún hombre puede domar su lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Santiago 3:1al 11

La preeminencia del amor
Si yo hablase lenguas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes y no tengo amor, nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
No hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
Mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.
1Corintios 13: 1 13

Tú crees que Dios es uno; bien haces.
También los demonios creen y tiemblan.
Santiago 2:19

viernes, 7 de noviembre de 2008

Viajeros del tiempo.

He recorrido un largo y tortuoso camino a través del tiempo de mi vida terrenal. He atravesado muchas y variadas estancias desde mi niñez a la edad madura en que estoy. Algunas de ellas realmente tenebrosas, impregnadas de pútridos y profundos abismos, donde mi espíritu atormentado se arrastró buscando desesperado una salida, una luz. Fueron tiempos terribles viviendo en los fétidos tugurios de la depresión, el pecado y la más descarnada desesperanza. Muchos que me conocen, entre ellos mi esposa e hijos, saben de lo que hablo. Quizá las oraciones de unos y otros inclinaron a mi favor la misericordia de Dios, y tras una larga batalla pude salir de esos estados de tortura y dolor. He tenido la fortuna de ser bendecido con la sensatez acompañando mis últimos años, y la compañía controvertida e incomprendida de la soledad, sazonada de innumerables sufrimientos que de algún modo atemperaron un carácter fuerte y voluntarioso, que no se rindió sin antes presentar una larga y dramática guerra. En ese prolongado caminar hollé senderos peligrosos no tan solamente en lo concerniente a la integridad física, sino también a la salud mental, y, lo más importante, en la salud de mi espíritu, don preciado del Padre Celestial. He de confesar que siempre he creído en Dios, pero que nunca como ahora había sentido su presencia; y, si hemos de aceptar que las casualidades no existen, he de reconocer con mucho respeto, fervor y acatamiento, que todo sucede por una elevada razón que casi siempre no alcanzamos a comprender. " Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos,...así son mis caminos más altos que vuestros caminos" ( Isaías 55:8-9)Hoy mi vida ha tomado un rumbo definido que siempre estuvo ahí, esperando que llegara el tiempo de asumirlo. Ese tiempo ha llegado y espero tener la madurez espiritual necesaria para vivirlo con la humildad y la sabiduría que requiere el acto de reconocerme como un auténtico hijo de DIOS. Para poder lograr satisfactoriamente tan elevado propósito, requiero de la asistencia constante de mi Padre Celestial, del amor de su hijo Jesús, del poder del Santo Espíritu y de la intercesión de María, madre de Jesús y madre nuestra, por último de la comprensión y la misericordia de todos mis hermanos en la carne y en el espíritu. Reconozco que en este mundo, se libra una guerra entre las potestades de la luz y las de las tinieblas y quienes creen en Jesús como hijo de Dios, debemos vivir de acuerdo a sus preceptos. Muy frecuentemente nos persuadimos de ser básicamente buenas personas, y que Dios nos aceptará porque no somos totalmente malos, error, Dios no da alguna clase de dispensación para que vivamos en la carne mientras estamos en la tierra, no hay tal concesión, por eso hay que invitar a Jesús para que inunde nuestro ser con su bondad, amor y misericordia, y nos haga la carga más ligera. La invitación está extendida a todos, pero las puertas no siempre van a estar abiertas.