16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. 18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. 19 Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. 20 Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. 21 Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma.
22 Vino allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo. 23 Y me levanté y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. 24 Entonces entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu casa. 25 Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos. 26 Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde. 27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.
Nuestro Dios de gracia
Leer | Efesios 2:4, 5
Dios muestra su amor por la humanidad por medio de su gracia. No hay nada que podamos hacer para ganarla o merecerla. De manera que es necesario entender las siguientes verdades para apreciar realmente la gracia de Dios.
Dios es perfecto y no puede tolerar el pecado. Desde el momento en que Adán y Eva decidieron tomar el fruto del árbol prohibido, perdieron el compañerismo que habían tenido hasta entonces con su Creador. Es por eso que todo ser humano nace con esa naturaleza pecaminosa que le hace alejarse de su Señor.
El carácter de Dios es justo. Esto trae como consecuencia que siempre demande un pago por el pecado cometido. La Biblia nos enseña que la consecuencia del pecado es la muerte (Ro 6.23); refiriéndose no sólo a la física, sino también a la muerte espiritual al ser separados eternamente del Creador.
Nuestro Dios es misericordioso. Es por eso que no nos da lo que merecemos, sino que nos otorga su gracia en todo momento. Ha trazado un plan perfecto que reafirma su naturaleza santa, satisface su justicia y nos permite llegar a ser sus hijos. Jesucristo fue enviado para que todos tuviéramos la oportunidad de ser salvos. Nació como ser humano y vivió una vida perfecta sin violar ningún aspecto de la Ley. Solamente Él capaz de satisfacer la justicia divina. Tomó nuestro lugar, cargó nuestros pecados y padeció el castigo que merecíamos por nuestras rebeliones. Todo esto lo hizo para que pudiéramos ser reconciliados con nuestro Padre celestial.
Dios trazó todo este plan cuando todavía éramos pecadores (Ro 5.8). ¿Ha reconocido usted su pecado y aceptado el perdón que le brinda por medio de Cristo? Y si es así, ¿está usted expresando su gratitud por la gracia de nuestro Señor?
Quebrantamiento: El camino a la bendición
Leer | 2 Corintios 2:7-9
A nadie le gusta sufrir, pero Dios utiliza el dolor para moldear a Sus hijos. Los momentos de felicidad son maravillosos, pero los de sufrimiento producen crecimiento.
El quebrantamiento es la manera que tiene Dios para ocuparse de la parte de nosotros que quiere actuar al margen de Él. El Señor se centra en las áreas que obstaculizan Sus propósitos. Luego, con habilidad y amor, el Padre celestial dispone las circunstancias que nos produzcan el desosiego suficiente para darnos cuenta de nuestra dependencia de Él.
El apóstol Pablo experimentó esto. Después de haber sido salvo en el camino de Damasco, seguía necesitando desarrollo espiritual a fin de ser más efectivo para Cristo. Por tanto, Dios permitió cierto tipo de aflicción, que el apóstol llamó un “aguijón”. En tres ocasiones, le rogó al Señor que se lo quitara, pero el aguijón siguió allí. Increíblemente, la respuesta de Pablo fue la gratitud. Aun más, escribió: “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co. 12:10).
Al igual que Pablo, no nos gusta el sufrimiento, pero podemos confiar en que Su propósito es que andemos en una unidad íntima con Él, y que le sirvamos efectivamente conforme a Su propósito y voluntad. Pero, para lograr esto, el Señor tiene que ponerle fin a nuestra rebeldía, resistencia y terquedad.
Si usted desea realmente vivir para Jesús, confíe en Él lo suficientemente para decirle: “Señor, más que cualquier otra cosa en la vida, quiero vivir para Ti. Te ruego que quites cualquier área de mi vida que no esté totalmente sometida a Tu voluntad”.